En España podemos encontrar actualmente varias colecciones paleontológicas de ammonites, repartidas entre museos, agrupaciones paleontológicas y universidades, la mayoría de ellas visitables por el público.
Debido a la importancia geológica que las Cordilleras Béticas tienen dentro del contexto de la península, y a su gran cantidad y variedad de especies que sus estratos albergan, los ammonites de las Béticas están presentes en casi todas las colecciones, en mayor o menor medida.
Lytoceras fimbriatum del Jurásico Inferior de Hondón de los Frailes, expuesto en el Museo Paleontológico de Elche
Las colecciones paleontológicas y los museos paleontológicos desempeñan un papel fundamental en la preservación, estudio y divulgación del patrimonio fósil de las Cordilleras Béticas, una región geológica de extraordinaria riqueza mesozoica situada en el sur de la Península Ibérica. Estas cordilleras, formadas por complejos procesos tectónicos asociados al cierre del océano Tethys, albergan depósitos marinos del Jurásico y Cretácico que han proporcionado una diversidad excepcional de ammonites, cefalópodos extintos cuyas conchas espiraladas constituyen bioindicadores precisos para la datación estratigráfica y la reconstrucción paleoambiental. Los ejemplares expuestos en vitrinas no solo representan testimonios tangibles de la evolución de la vida marina durante el Mesozoico, sino que también facilitan la investigación interdisciplinaria y la educación científica, al permitir el acceso público y académico a materiales recolectados en yacimientos emblemáticos como los de la Subbética cordobesa, el Prebético alicantino o las series cretácicas granadinas.
Museos y colecciones paleontológicas exponen los ejemplares de ammonites acompañados de información didáctica
Entre las colecciones más destacadas se encuentra el Centro de Interpretación Cabra Jurásica, ubicado en Cabra (Córdoba), en pleno corazón de las Cordilleras Béticas. Este centro alberga una de las mayores concentraciones de ammonites de Andalucía y España, con alrededor de tres mil ejemplares procedentes principalmente del Jurásico Superior de la Subbética cordobesa. En sus vitrinas se exhiben especímenes de gran tamaño y excelente conservación, que ilustran la diversidad taxonómica y la sucesión bioestratigráfica de la región, resultado de donaciones de colecciones privadas y campañas de campo sistemáticas. Su ubicación geográfica lo convierte en un referente local para comprender la paleobiogeografía de los ammonites béticos, al tiempo que integra exposiciones que contextualizan estos fósiles dentro de los antiguos ambientes marinos de plataforma carbonatada.
Otro espacio institucional de relevancia es el Museo Geominero del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) en Madrid, cuyas vitrinas 49 y 50 presentan una selección representativa de ammonites recolectados en la Sierra de Cabra, integrados en una exposición cronostratigráfica más amplia del Jurásico español (vitrinas 44-50). Estos ejemplares, junto a braquiópodos, bivalvos y belemnites coetáneos, proceden en parte de las Cordilleras Béticas y destacan por su valor didáctico en la ilustración de las faunas del Tethys occidental. La disposición museográfica, organizada por períodos geológicos, permite apreciar la transición faunística y las implicaciones paleogeográficas de estos cefalópodos, contribuyendo así al estudio comparativo con otras cuencas ibéricas.
En el ámbito universitario, el Aula Museo de Paleontología “Asunción Linares” del Departamento de Estratigrafía y Paleontología de la Universidad de Granada constituye un ejemplo paradigmático de colección académica con proyección expositiva. Fundada en 1971 a partir de materiales de investigación, esta colección incluye una de las mejores series de amonoideos de las Cordilleras Béticas, con ejemplares destacados como un Emericiceras, ammonite heteromorfo de 129 millones de años de antigüedad, procedente de Petrer (Alicante) y expuesta periódicamente como “pieza destacada” en el Hospital Real. De dimensiones cercanas al metro de diámetro, este fósil no solo evidencia la morfología inusual de ciertos ammonites cretácicos, sino que subraya el papel de la UGR en la conservación del patrimonio paleontológico regional, al poner a disposición del público y de la comunidad científica materiales de alto valor heurístico para estudios de dimorfismo sexual y eventos bioestratigráficos.
Asimismo, el Museo Paleontológico de Elche (MUPE), en la provincia de Alicante, exhibe en su sala del Mesozoico una notable representación de ammonites de las Cordilleras Béticas Orientales, recolectados en yacimientos locales como la Sierra de Crevillente o Hondón de los Frailes. Entre los especímenes visibles en vitrinas destacan placas de Pseudogrammoceras bingmanni del Lías y Lytoceras fimbriatum del Jurásico Inferior, junto a otros cefalópodos que complementan la narrativa evolutiva de la fauna marina regional. Gestionado por la Fundación Cidaris, este museo integra la investigación con la divulgación, permitiendo que los visitantes aprecien la conexión directa entre los fósiles expuestos y los depósitos béticos orientales.
Finalmente, el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) en Madrid acoge la exposición temporal “Las conchas de los ammonites”, que presenta una selección de ejemplares del Cretácico inferior de las Cordilleras Béticas cedidos por la Asociación Paleontológica Alcarreña NAUTILUS. Organizada en secciones temáticas sobre dimorfismo sexual, predación y formas heteromorfas, esta muestra subraya las adaptaciones ecológicas de estos moluscos y su distribución global, reforzando el valor científico de las colecciones béticas en el contexto internacional. En conjunto, estas instituciones no solo salvaguardan el patrimonio fósil frente a la degradación antrópica y natural, sino que fomentan un diálogo entre investigación básica, conservación y educación, contribuyendo de manera decisiva al avance del conocimiento sobre la paleontología del Mediterráneo occidental y al enriquecimiento del acervo cultural español.
El desarrollo de la investigación paleontológica en las Béticas ha ido acompañado de la creación y consolidación de numerosas colecciones, tanto institucionales como privadas. Los museos provinciales, las universidades y los centros de investigación han reunido durante décadas ejemplares procedentes de campañas de campo, donaciones y estudios monográficos. Estas colecciones institucionales cumplen una función esencial: preservan el patrimonio fósil, garantizan su conservación a largo plazo y permiten que investigadores de distintas generaciones revisen material histórico, comparen series y estudien la variabilidad de especies a lo largo de diferentes pisos y dominios béticos. Constituyen, en definitiva, un archivo científico de enorme valor, donde cada ejemplar conserva información estratigráfica, taxonómica y paleoambiental.
Sin embargo, junto a estas colecciones oficiales existe otra realidad igualmente importante: las colecciones privadas. A menudo fruto de décadas de trabajo de campo, dedicación personal y conocimiento acumulado, estas colecciones han desempeñado un papel decisivo en el avance del conocimiento paleontológico de las Béticas. Muchos yacimientos hoy clásicos fueron documentados inicialmente por aficionados expertos; numerosas especies raras o mal representadas en museos se conocen gracias a ejemplares conservados en colecciones particulares; y buena parte de las series estratigráficas completas, tan valiosas para estudiar la variabilidad intraespecífica o los cambios evolutivos, solo han podido reconstruirse gracias a la constancia de coleccionistas que han muestreado un mismo afloramiento durante años.
La legislación de Patrimonio Paleontológico, que en España establece restricciones estrictas sobre la recogida, posesión y circulación de fósiles, tiene como objetivo proteger el patrimonio común y evitar la pérdida de información científica. Sin embargo, estas normativas también han generado un escenario complejo en el que la contribución de las colecciones privadas queda a menudo invisibilizada o incluso desincentivada. En regiones como las Béticas, donde la riqueza paleontológica es enorme y los afloramientos son extensos, la labor de aficionados formados y responsables ha sido históricamente fundamental para documentar y preservar ejemplares que, de otro modo, se habrían perdido por erosión, obras o abandono.
En este contexto, las colecciones privadas cumplen una función complementaria a la de los museos: actúan como redes de vigilancia del patrimonio, como archivos de campo y como reservorios de información que, cuando se gestionan con rigor, pueden integrarse en estudios científicos, publicaciones y proyectos de divulgación. Muchas de ellas mantienen registros detallados de procedencia, niveles estratigráficos y condiciones de hallazgo, aportando datos que a veces superan en precisión a los de campañas institucionales puntuales. Además, su flexibilidad permite documentar cambios en un yacimiento a lo largo del tiempo, algo difícil de conseguir mediante proyectos oficiales de duración limitada.
Representación de colecciones institucionales vs. colecciones privadas
El legado científico de estas colecciones, públicas y privadas, es por tanto, doble. Por un lado, preservan la memoria material de la investigación paleontológica en las Béticas: los ejemplares, las etiquetas, las series estratigráficas, las láminas y los cuadernos de campo. Por otro, siguen siendo una fuente activa de conocimiento, capaz de aportar nuevos datos, corregir interpretaciones previas y abrir líneas de investigación que de otro modo no serían posibles. La clave está en fomentar la colaboración, el intercambio de información y la integración responsable de las colecciones privadas dentro del marco científico y divulgativo, de modo que su valor no se pierda, sino que contribuya al conocimiento colectivo de los ammonites y de la historia geológica de las Béticas.